martes, 15 de junio de 2010

A propósito del mundial (II)

(#6) Cain: el picapedrero (Beckenbauer).

Me pagan por creer que la belleza no existe.

No conozco otra felicidad que el sonido de los huesos al chocar.

Nunca fui talentoso,
pero mi alma se forjó con golpes de maceta.
Otros tuvieron una infancia feliz o el consuelo de un cuerpo ligero
como el viento.

Natura fue menos prodiga conmigo.

Por eso aprendí del perro callejero o salvaje o de presa
que la voluntad es como la gota que rompe la roca,
que todo el talento del mundo, no vale la decisión de un hombre.

Nadie me ve, nadie cuida,
pero son mis pies los que sangran para que otros reluzcan.

A veces quisiera haber sido músico:
Siempre me gustó el bajo.

(#10) El demiurgo: La vocación del armador (Zidane).

"Si eres buen arquero, buen flechador –me dijo una mujer – haz que la sombra del disparo no hiera la sombra del venado". J. M. Roca.

Hay quien prefiere los gritos en su nombre,
la vanidad de lo evidente.

Yo prefiero ver el futuro:

Detrás del ultimo hombre,
Hay un destino ideal.

Cosas escritas desde siempre:
Yo intento con mis pases
bajar esos objetos,
hacer materia de cosas que fueron los sueños de un Dios

Todo esta escrito:
Sólo puede variar la forma.
Yo intento con mis actos
traer belleza a este territorio de seres inferiores.

(#9). El verdugo (Ronaldo)

Pudo ser un mejor final
Yo soy el verdugo y mis golpes reviven la voluntad de luchar
y la humildad.
Cien mil almas silenciosas observarán el cuero sobre la línea de cal.
Querrán bajar los manos
Pedir perdón
Hacer cenizas de inútiles banderas
Se sabrán hombres
–animales apenas al borde de una cadena de sucesos-
Buscarán la mano de papá
Y volverán a casa con las voces descuajadas.
Yo no.

(#1) El aguafiestas (Lev Yashin)

Mi sitio es ingrato:
Cuido las puertas del infierno
por las que todos quieren entrar.

Yo soy el aguafiestas.

Algunos dicen que me gusta el rumor que queda en el grito
al cerrarse.
Que me he vuelto adicto al silencio de cien mil personas.

Pero yo como todos quise ser otra cosa.
La vida me puso aquí.
Junto a una toalla sucia
y una botella de agua vacía.

Donde los goles se celebran de espaldas.

No hay goce alguno en esto.
Pero hay cosas que uno tiene que hacer.

(#3) Marginal (Maldini)

En el caos del que está hecho nuestro destino,
hay cosas que solo yo conoceré
Ayer mire a mi derecha
y había una niña llorando.

¿Que extraña vida la habrá llevado allí?
Estábamos tan cerca
Que casi podía oírla.

Algunos preferirán la gloria de los goles
La inutilidad del grito.
Yo prefiero esta esquina del mundo.

(#2) El Lobo de Pulp Fiction (Escobar)

Soy él que limpia el agua sucia.
Él que soluciona los problemas del inframundo,
El lobo de Pulp Fiction.

En mi casa no hay huecos en las paredes,
ni reclamos.
Acepto lo que venga y sus consecuencias,
hasta la muerte.
Aprendí desde niño a poner la otra mejilla.

Mi sino es como la sentencia de un Dios:
“Podrás salvarlos y no entenderán, y mantendrán los brazos levantados para adorar a falsos iconos”.

sábado, 5 de junio de 2010

A propósito del mundial


Viniste de muy lejos buscando un alma,

la estepa microscópica del libro de colores

los brazos abiertos

un balón al vacío limpio y estático

platónico en algún sentido

cruzando el cielo azul

como un proyectil sin perdón para una tierra nómada.


Alguien lo tomará y sera el único rezago de tu insustancial frenesí.


Mas tarde los borrachos dirán

¿si la vio?

y el puntico blanco deslizándose

sobre la linea de cal

recordará que hay lugares que no podemos conocer

y salvar.


Los pasos del niño resonarán no más

en su calle primaria

apenas creíble.

Un buen amanecer tras una buena noche

Un tibio y borroso vecindario


sábado, 22 de mayo de 2010

Locking Yourself Out, Then Trying to Get Back In


You simply go out and shut the door
without thinking. And when you look back
at what you've done
it's too late. If this sounds
like the story of a life, okay.

It was raining. The neighbors who had
a key were away. I tried and tried
the lower windows. Stared
inside at the sofa, plants, the table
and chairs, the stereo setup.

My coffee cup and ashtray waited for me
on the glass-topped table, and my heart
went out to them. I said, Hello, friends,
or something like that. After all,
this wasn't so bad.

Worse things had happened. This
was even a little funny. I found the ladder.
Took that and leaned it against the house.
Then climbed in the rain to the deck,
swung myself over the railing
and tried the door. Which was locked,
of course. But I looked in just the same
at my desk, some papers, and my chair.

This was the window on the other side
of the desk where I'd raise my eyes
and stare out when I sat at that desk.
This is not like downstairs, I thought.
This is something else.
And it was something to look in like that, unseen,
from the deck. To be there, inside, and not be there.

I don't even think I can talk about it.
I brought my face close to the glass
and imagined myself inside,
sitting at the desk. Looking up
from my work now and again.
Thinking about some other place
and some other time.
The people I had loved then.

I stood there for a minute in the rain.
Considering myself to be the luckiest of men.
Even though a wave of grief passed through me.
Even though I felt violently ashamed
of the injury I'd done back then. I bashed that beautiful window.
And stepped back in.

Raymond Carver

Gravy

No other word would do. For that’s what it was. Gravy.
Gravy these past ten years. Alive, sober, working, loving and
being loved by a good woman. Eleven years
ago he was told he had six months to live
at the rate he was going. And he was going
nowhere but down. So he changed his ways
somehow. He quit drinking! And the rest?
After that it was all gravy, every minute
of it, up to and including when he was told about,
well, some things that were breaking down and
building up inside his head. “Don’t weep for me,”
he said to his friends. “I’m a lucky man.
I’ve had ten years longer than I or anyone
expected. Pure gravy. And don’t forget it.”
Raymond Carver